Por Pedro Diaz, Presidente y Editor Sol y Mar Magazine

67 años de represión y el clamor urgente por la libertad

La situación de los derechos humanos en Cuba continúa siendo una de las más preocupantes del hemisferio occidental. A 67 años del triunfo de la Revolución castrista, el gobierno de partido único mantiene un sistema de control político que, según denuncian organizaciones internacionales de derechos humanos, viola de manera sistemática las libertades fundamentales del pueblo cubano.

La libertad de expresión y de prensa permanece severamente restringida. Los medios de comunicación están controlados por el Estado y el ejercicio del periodismo independiente se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Reporteros y activistas digitales son objeto de vigilancia, amenazas, confiscación de equipos y detenciones arbitrarias por informar o emitir opiniones críticas al régimen. El acceso a internet continúa siendo limitado y frecuentemente interrumpido en momentos de protesta social.

La libertad religiosa enfrenta obstáculos en la práctica. Líderes religiosos y comunidades de fe han denunciado presiones, intimidaciones y restricciones cuando sus mensajes trascienden el ámbito estrictamente espiritual y abordan la justicia social, la dignidad humana o los derechos civiles.

En el terreno político, el gobierno cubano sigue sin permitir elecciones libres ni pluralismo partidista. La disidencia es criminalizada. Opositores pacíficos, defensores de derechos humanos y ciudadanos que participan en protestas son detenidos sin orden judicial, sometidos a procesos sin garantías legales y, en numerosos casos, encarcelados y torturados por motivos políticos. Organismos internacionales han documentado el uso de torturas físicas y psicológicas, tratos crueles e inhumanos durante interrogatorios y reclusión.

Particularmente alarmantes son las denuncias de desapariciones, detenciones y opositores incomunicados y amenazas contra familiares de opositores. Aunque el gobierno niega estas prácticas, múltiples testimonios coinciden en describir un aparato represivo diseñado para sembrar el miedo y silenciar cualquier intento de organización social autónoma.

Los derechos de los trabajadores también se encuentran severamente limitados. No existen sindicatos independientes y el Estado actúa como empleador casi exclusivo, imponiendo salarios insuficientes y penalizando cualquier intento de protesta laboral. La precariedad económica, agravada por décadas de mala gestión, ha empujado a millones de cubanos al exilio.

Cuba ostenta hoy un récord histórico: es la dictadura más longeva del mundo contemporáneo. En 2026, el reclamo de libertad se vuelve más urgente que nunca. Activistas dentro y fuera de la isla advierten que la represión prolongada, la crisis económica y el éxodo masivo amenazan la supervivencia misma del pueblo cubano como nación.

“Este año 2026 Cuba debe ser libre”, repiten quienes exigen una transición pacífica hacia un Estado democrático, con respeto pleno a los derechos humanos. La comunidad internacional enfrenta el desafío moral de no permanecer indiferente ante el sufrimiento de millones de personas que, desde hace casi siete décadas, esperan justicia, libertad y dignidad para la Isla considerada La Perla de las Antillas.

Evitemos el exterminio fisico, social y moral del pueblo cubano, protejamos a quienes alzan su voz dentro de la isla para exigir el fin de un sistema represivo que ya ha marcado demasiadas generaciones. La historia aún puede cambiar, pero el tiempo apremia. ¡Cuba será libre en 2026!