Por Sol y Mar Magazine

A través del tiempo las eternas conchas del mar han sufrido innumerables transformaciones, aunque las menos resistentes han ido a formar parte de la arena de las playas o han servido como sedimento de los océanos y formaciones coralinas, no es menos cierto también que han sido de gran valor e interés desde los primitivos hombres de antaño hasta el hombre moderno actual. De ahí que se les clasifique como una de las bellezas más extraordinarias de la naturaleza, siendo el grupo viviente –con sus 100,000 especies distintas- más intercambiado, coleccionado, estudiado, comprado y vendido en todo el mundo. Por eso es extraño que al caminar por la orilla de una playa o al hacer algún tipo de excavación –ya sea en lagunas, ríos o praderas- no nos encontremos con algún que otro molusco, que es una de las grandes divisiones o tipos zoológicos que comprende a los animales invertebrados.

Los moluscos –aclaremos- pueden ser marinos, dulceacuícolas y terrestres.

Para los científicos, una concha es una formación esquelética de carbonato de calcio, revestida por una cubierta externa córnea. Para un observador, sin embargo, es un objeto maravilloso, único, atrayente y misterioso de la naturaleza. Estos animales carecen de toda segmentación y de apéndices articulados, pero poseen una prominencia carnosa, llamada pie, de muy variadas formas, la que utilizan para trasladarse de un lugar a otro.

Todo el cuerpo de estos animales se halla revestido por un tegumento blando y viscoso, que en el dorso se repliega para formar el manto y, entre el cuerpo y la superficie interna, se extiende un espacio libre, denominado cavidad paleal. En ella se encuentran las branquias, se abren los orificios renales y, por lo general, también los orificios de los órganos sexuales. La actividad secretoria del manto origina la cubierta protectora del cuerpo de estos animales, denominada concha, en cuyo interior se protege de los depredadores. Algunos caracoles parecen desprovistos de esta envoltura caliza, pero pronto se echa a ver –como en los calamares y babosas- que la concha se halla en el interior del cuerpo formando una especie de esqueleto que le da solidez o sirve para resguardar determinados órganos.

Las conchas comienzan a formarse durante la vida embrionaria de estos seres y crecen de modo discontinuo, lo cual se acusa por las estrías de crecimiento que delatan sus fases de reposo (edad de las conchas). El aparato circulatorio es lagunar; consta el corazón de dos aurículas y un ventrículo. La sangre es un líquido incoloro, rojizo o azulado. Los moluscos son casi todos unisexuales y otros hermafroditas como los caracoles de las huertas, en los que existe una cópula recíproca. Para saber si uno de estos seres es macho o hembra hay que recurrir a la disección.

Estos animales son utilizados por el hombre para alimentarse como en Japón, donde es muy popular en innumerables platos caseros. Algunos de ellos son objeto de intenso cultivo como la ostra, ostión, mejillón y la almeja. La concha se ha utilizado como objeto de adorno y moneda, utilización que aún tiene en algunas tribus de África la Cyprea moneta. Han sido además objeto de veneración como el caracol sagrado o “chanck” de los hindúes. En la región oriental de Cuba era tradicional la llamada Caracola que, empleada como bocina, sirve para comunicarse de una loma a otra. Según el historiador Oviedo, en Cuba y en varias regiones de África y Oceanía fue usado el caracol Oliva Sonora por los aborígenes como instrumento musical, el cual al ser recortado y de acuerdo a su mayor o menor longitud, cambiaba su sonido musical.

En todo el mundo existen hoy día millares de coleccionistas de caracoles que tratan por todos los medios de encontrar ejemplares valiosos de este género para enriquecer su colección, como lo hacen los coleccionistas de monedas y estampillas postales. Otros prefieren buscar en la arena de la playa hasta hallar la pieza deseada; algunos penetran y se sumergen bajo las aguas con equipos de buceo y hay quienes utilizan redes, dragas o artefactos especialmente diseñados, tanto para el estudio del animal en sí (malacología) como para el estudio de las conchas propiamente (conquiliología).

Las conchas y caracoles son vendidos en casi todas partes del mundo a precios que varían desde un dólar hasta la fabulosa cantidad de $ 10,000 dólares; pero existen aún ejemplares de más alto precio, ya sea por haber sido esgrafiados o tallados por escultores famosos o por su extraordinaria rareza. La especie Conus gloriameris, por ejemplo, tiene un precio en los catálogos de Estados Unidos de América de $ 9,000 dólares, pero su valor real es mucho mayor, ya que apenas existen registrados unos 25 ejemplares en todo el mundo, razón por la cual muchos coleccionistas darían gustosos el doble o el triple de su precio de catálogo con la finalidad de poseer uno de estos raros especímenes.

Todas las piezas de catálogo tienen su registro que consiste en el lugar donde se encontró la concha, la fecha, el nombre científico, la profundidad y tipo de fondo en que fue hallada. Existen numerosos clubes, asociaciones y grupos de coleccionistas, algunos de los cuales se especializan en un solo género, una sola localidad geográfica o inclusive en un solo grupo de una especie determinada.

En los países caribeños como Cuba se realizan numerosos trabajos de artesanía popular con conchas marinas (collares, aretes, jarrones).

De una u otra vertiente de interés (el estudio o la simple colección) resulta subyugante el conocimiento de las conchas marinas de muy diversas formas y matices, que dejaron su misión de cubierta protectora en los moluscos para transformarse en adorno y recreación del hombre.

Las conchas gigantes si existen. Las llaman tragahombres. Las tres especies más grandes de conchas registradas son los bivalvos Kuphus polythalamia, Tridacna gigas y Pinna nobilis, con tamaños de concha máximos registrados de 1.532,0 mm (5 pies 0,31 pulgadas), 1.368,7 mm (4 pies 5,89 pulgadas) y 970,0 mm (3 pies 2,19 pulgadas), respectivamente.