By Dr. Martin Aróstegui

Our summer stop in Iceland, on our way to the Arctic Circle, gave us the opportunity to experience one of the world’s most extraordinary landscapes. Using Reykjavík as our base, we explored a remarkable variety of natural wonders, all within a comfortable day’s journey from the capital. From powerful waterfalls and ancient glaciers to steaming geothermal pools, every excursion revealed another side of Iceland’s dramatic beauty.

One of the highlights of the region is the famous Golden Circle, a route that showcases some of Iceland’s most iconic attractions. Þingvellir National Park is both historically and geologically significant, as it is the site of Iceland’s first parliament and the place where the North American and Eurasian tectonic plates slowly drift apart. Walking through the rugged lava fields and deep fissures offers a rare opportunity to stand between two continents.

Continuing along the route, visitors encounter the Geysir geothermal area, where bubbling hot springs and erupting geysers demonstrate the immense volcanic forces beneath the island. Nearby, the magnificent Gullfoss waterfall sends glacial water plunging into a deep canyon, creating mist, rainbows, and an unforgettable display of nature’s power.

Waterfalls are abundant throughout southwest Iceland, and each has its own unique character. Seljalandsfoss allows adventurous visitors to walk behind its curtain of cascading water, while nearby Skógafoss impresses with its sheer height and thunderous roar. These spectacular falls, framed by green cliffs and volcanic landscapes, are among Iceland’s most photographed landmarks.

Another memorable experience is visiting one of Iceland’s glaciers. The vast ice fields stretching across the southern coast reveal a frozen world shaped over thousands of years. Guided walks on the glaciers allow visitors to safely explore brilliant blue ice formations, deep crevasses, and ever-changing frozen landscapes that highlight the island’s dynamic environment.

No visit to Iceland would be complete without enjoying its geothermal waters. Whether relaxing in the world-famous Blue Lagoon or soaking in one of the many natural hot springs scattered throughout the countryside, the warm, mineral-rich pools provide a welcome contrast to the cool northern air. Surrounded by lava fields and rising steam, these peaceful settings offer a perfect place to unwind after a day of sightseeing.

Our stay in Reykjavík introduced us to a country where fire and ice exist side by side. Every journey from the city revealed breathtaking scenery, making Iceland an unforgettable destination and a perfect gateway to the wonders of the Arctic.

Nuestra visita a Islandia

Por el Dr. Martin Aróstegui

Nuestra escala estival en Islandia, de camino al Círculo Polar Ártico, nos brindó la oportunidad de conocer uno de los paisajes más extraordinarios del mundo. Con Reikiavik como base, exploramos una notable variedad de maravillas naturales, todas ellas accesibles en una cómoda excursión de un día desde la capital. Desde imponentes cascadas y antiguos glaciares hasta humeantes piscinas geotermales, cada excursión revelaba una faceta distinta de la espectacular belleza de Islandia.

Uno de los puntos culminantes de la región es el famoso Círculo Dorado, una ruta que muestra algunas de las atracciones más emblemáticas del país. El Parque Nacional de Þingvellir posee una gran importancia tanto histórica como geológica, ya que alberga el primer parlamento de Islandia y es el lugar donde las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia se separan lentamente. Caminar entre los agrestes campos de lava y las profundas fisuras ofrece la oportunidad única de situarse entre dos continentes.

Siguiendo la ruta, los visitantes llegan a la zona geotermal de Geysir, donde los manantiales de aguas burbujeantes y los géiseres en erupción ponen de manifiesto las inmensas fuerzas volcánicas que actúan bajo la isla. Muy cerca, la magnífica cascada de Gullfoss precipita sus aguas glaciares hacia un profundo cañón, creando bruma, arcoíris y un espectáculo inolvidable del poder de la naturaleza.

Las cascadas abundan en el suroeste de Islandia, y cada una posee un carácter único. Seljalandsfoss permite a los visitantes más aventureros caminar tras su cortina de agua, mientras que la cercana Skógafoss impresiona por su gran altura y su estruendoso rugido. Estas espectaculares cascadas, enmarcadas por acantilados verdes y paisajes volcánicos, figuran entre los lugares más fotografiados de Islandia.

Otra experiencia memorable es visitar alguno de los glaciares islandeses. Los vastos campos de hielo que se extienden por la costa sur revelan un mundo helado moldeado a lo largo de miles de años. Las caminatas guiadas sobre los glaciares permiten explorar con seguridad formaciones de hielo de un azul intenso, profundas grietas y paisajes helados en constante cambio que ponen de relieve el dinámico entorno de la isla.

Ninguna visita a Islandia estaría completa sin disfrutar de sus aguas geotermales. Ya sea relajándose en la mundialmente famosa Laguna Azul o sumergiéndose en alguno de los numerosos manantiales naturales repartidos por el paisaje, estas cálidas piscinas ricas en minerales ofrecen un agradable contraste con el fresco aire del norte. Rodeados de campos de lava y columnas de vapor, estos tranquilos parajes constituyen el lugar perfecto para descansar tras una jornada de turismo. Nuestra estancia en Reikiavik nos descubrió un país donde el fuego y el hielo conviven. Cada trayecto desde la ciudad revelaba paisajes impresionantes, lo que convirtió a Islandia en un destino inolvidable y en la puerta de entrada perfecta a las maravillas del Ártico.